Se cumplen estos meses tres años de la catastrófica erupción en el Valle de Aridane y resulta asombroso cómo la verdad oficial sigue siendo una y la verdad de los damnificados otra. La de las instituciones públicas, la celebración de un éxito en gestión de emergencias. La de los afectados, la denuncia de un fracaso. Dos versiones de los hechos a día de hoy irreconciliables.

En EL VALLE, diario digital que edita la asociación Tierra Bonita gracias a los fondos del libro Las otras historias del volcán, llevamos más de dos años tratando de arrojar luz sobre por qué no se evacuó  a la población antes de que erupcionara el volcán Tajogaite pese a las señales evidentísimas de que la erupción era inminente.

Hemos demostrado con  múltiples testimonios que los afectados tuvieron que huir con lo puesto, temiendo por sus vidas, incluso sin poder poner a salvo sus animales, y hemos tratado de demostrar que la gestión del Plan de Emergencias Volcánicas (PEVOLCA), como engranaje entre científicos y políticos, no funcionó porque falló a la sociedad civil cuando esta más lo necesitaba.

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